En las últimas semanas se ha producido una actualización en las recomendaciones del calendario de inmunización por parte del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU eliminando la vacunación universal en la infancia.
En dicho texto recomiendan sólo para “grupos de alto riesgo” las vacunas frente al Virus Respiratorio Sincitial, Hepatitis A y B, Meningococos (ACWY y B) y Dengue; y, basándose en la toma de decisiones clínicas compartidas, la vacunación, caso por caso, frente a Rotavirus, Gripe, COVID-19, Hepatitis A y B y Meningococo. Se mantiene la vacunación universal frente a 11 enfermedades: H. influenzae tipo b, Neumococo, Polio, Sarampión, Rubeola, Parotiditis, Varicela, Virus del papiloma humano (ahora una sola dosis), Tétanos, Difteria y Tos ferina acelular.
Ello ha supuesto una respuesta unánime de los profesionales de la salud tanto del propio país (ver respuesta aquí) como de otros, como la Confederación Europea de Pediatras de Atención Primaria (ver respuesta aquí), advirtiendo sobre el peligro y retroceso que, para nuestros niños y en el ámbito de la salud pública, ello puede conllevar, y recordando que está sobradamente demostrado con datos científicos sólidos que la vacunación universal ha sido y es el mayor avance en la prevención de enfermedades. Los brotes recientes de enfermedades inmunoprevenibles son un claro recordatorio de lo que ocurre cuando disminuyen las tasas de vacunación.
Debemos tener siempre presente nuestro importante papel y nuestra responsabilidad como pediatras en la protección de la inmunización infantil, teniendo como guías la evidencia científica, la ética y los derechos fundamentales de los niños.